«La tierra que pisamos», de Jesús Carrasco: indispensable, dura y bellísima novela

Fuente de la imagen: http://www.lavozdigital.es

carrasco

Hoy me toca hablar del que –probablemente- será uno de los mejores libros (si no el mejor) que he leído, y leeré, este 2016. Me refiero a La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco (Seix Barral). Poneos cómodos para leer, que mi reflexión de hoy viene sesuda.

No conocía nada de Jesús Carrasco (Olivenza, Badajoz, 1972), algo perdonable si tenemos en cuenta que ésta es su segunda novela, pero algo también (y paradójicamente) imperdonable si tenemos en cuenta que con su primera incursión literaria, Intemperie (Seix Barral) obtuvo semejante retahíla de premios y tamaño aplauso unánime de público y crítica (y no solo aquí, sino también en Francia, Reino Unido, Italia, Holanda, Alemania, Noruega, Israel, Brasil y Estados Unidos, ahí es nada) que en cuanto me enteré de semejante tarjeta de presentación pensé que no haber leído aquella obra es casi un pecado mortal. Por ello –inciso con propósito de enmienda incluido- prometo hacerme con un ejemplar de Intemperie tan pronto como sea posible y leerlo y disfrutarlo tanto como he hecho con La tierra que pisamos. Y reseñarlo aquí a su término, por supuesto.

Vuelvo a La tierra que pisamos. Decía que es el mejor libro que he leído en lo que va de año. Afirmo que posiblemente terminará el año y no habré leído nada mejor. Y creo que, desde En la orilla y Crematorio (ambas novelas de Rafael Chirbes, y ambas con un lenguaje muy cuidado y una potencia narrativa inigualable), no había leído nada mejor. O sea, que es lo mejor que he leído en los últimos años. Y leo bastante. Así que echad cuentas.

¿Y por qué me ha gustado tanto La tierra que pisamos? Pues por muchos motivos. El primero de ellos, el más evidente, porque Jesús Carrasco escribe como los ángeles. Porque, al igual que me sucede con Eduardo Mendoza, me ha dado la sensación de que cada palabra estaba puesta en el sitio adecuado y en el momento adecuado, y que, además, cada palabra usada por Carrasco era la palabra adecuada. Y para conseguir esto a lo largo de todo un libro, desde la primera página hasta la última, sin que dé sensación de altibajos en ningún momento, hay que ser bueno. Muy bueno. Sobre todo, además, si tenemos en cuenta que el argumento del libro es algo que se va desgranando poco a poco, gota a gota, conforme pasan las páginas, conforme se van concatenando las ideas, los gestos, las acciones. Y Carrasco lo hace de tal manera que parece que sea hasta sencillo. Cuando, en realidad, no lo es, y menos aún si tenemos en cuenta que el lenguaje que emplea es tan poco común en la inmensa mayoría de las novelas que abundan en el mercado. No me refiero a que sea pedante en el uso del léxico como podía resultar en su día Francisco Umbral, que tiraba de sinónimos para cualquier palabra, por mundana que fuera, para restregarnos a los lectores su brutal dominio del lenguaje; no. Me refiero a que Carrasco usa la palabra exacta, la que otorga el matiz que realmente busca, y para ello, en ocasiones, hay que tirar de repertorio. Porque en muchas ocasiones existen pequeñas sutilezas que diferencian a unos términos de otros, y ahí se nota que Carrasco ha hecho un excelente ejercicio lingüístico para amoldar el léxico a la narración.

Sí, Carrasco hace de este La tierra que pisamos un genial exponente de lo que en gastronomía se denominaría slow food, es decir, algo cocinado suave, a fuego lento y buscando la perfección. Es una obra, sin duda, cocinada con calma, con gusto, y escrita con una belleza de recursos tal que hay veces que, aunque es prosa, uno cree estar leyendo poesía.

Muy poco, o nada, tiene que ver La tierra que pisamos con la mayoría de libros que he leído a lo largo de toda mi vida. Me recuerda, tal vez, a mi querido y añorado Delibes, y también puede que sea, por eso, por lo que Carrasco me ha parecido tan bueno. No hablo de que sus estilos sean análogos, que no lo son, pero veo en Carrasco la fuerza narrativa y la belleza poética que destilara el autor del inmortal Los santos inocentes, y sobre todo veo que ese ambiente rural que aquel desgranara en sus novelas tiene su eco en esta La tierra que pisamos de Carrasco. He leído alguna crítica de esta novela y he llegado a escuchar algo así como que podría ser un buen exponente del “neo-ruralismo”. Bueno, es un extraño palabro, pero podría servir para definir grosso modo aquello que da fisonomía a la novela. No es el ruralismo de Cela, aquel tremendismo fatalista que también tuviera reflejo, en mayor o menor medida, en la obra de Torrente Ballester, Delibes o Laforet; tampoco es una novela de corte neo-costumbrista heredera de los Galdós o Baroja; y tampoco es una novela de corte neo-realista al uso de Aldecoa o Goytisolo. Pero veo en Carrasco un poco de todos ellos. Y lo hago precisamente porque todo cuanto describe y cuanto narra tiene un poco de todo. De costumbrismo de época, de realismo, de ruralismo. Un cóctel preciso. Un cóctel precioso.

La obra, en apretadísimo resumen, podría resumirse con una famosa frase que una vez pronunciara Edvard Munch y que dice lo siguiente:   De mi cuerpo descompuesto nacerán flores, y yo estaré entre ellas. Eso es eternidad (y de hecho creo que la portada del libro tiene mucho que ver con esta frase).

la-tierra-que-pisamos

Claro que este apretadísimo resumen solo adquiere sentido una vez leído el libro y entendido su porqué. Así que me veo obligado a hacer un resumen “al uso” y decir que La tierra que pisamos narra la historia de una anciana mujer alemana –Eva Holman- que vive en pueblo extremeño en el que su marido, un ex coronel que sirvió fielmente al imperio, se retiró tras dejar la carrera militar. Un día, Eva Holman recibe una inesperada “visita” en su finca: un pordiosero completamente ido y absorto en algo que Eva es incapaz de entender por cuanto, además,  aquel hombre no es capaz inicialmente de articular palabra alguna. Por algún extraño motivo, este extraño hombre decide quedarse a vivir en el jardín de la anciana. Huelga decir que inicialmente Holman siente rechazo por aquel hombre, pero poco a poco empieza a interesarse por él hasta que distintas pesquisas le harán conocer la verdadera historia de Leva –que así se llama aquel desharrapado-, un hombre que ha sufrido lo indecible a causa de la barbarie que sostuvo ese imperio al que su marido sirvió otrora.

La tierra que pisamos es un relato duro, y su título –creo- no puede ser más acertado. Carrasco pinta en la novela un personaje (Leva) con un poderoso sentido de la imantación telúrica, de la pertenencia a un sitio, de la raigambre. La tierra que pisamos es la tierra a la que pertenecemos, y es la tierra que sirve, durante todo el relato, como leit motiv para el avance de la narración, y que a cuyo término se entiende el porqué de esa querencia de Leva hacia ella. Esa tierra que Leva huele, toca y respira durante toda la historia. Esa tierra que es lo único que lo mantiene con vida porque en ella vive su única razón para seguir respirando. Esa tierra que es nuestra tierra.

En definitiva, un libro impresionante que narra de una forma bellísima, con una prosa poética que asombra, una historia que en realidad es de una dureza extrema, hasta el punto de que  creo firmemente que trascenderá y acabará por ser estudiado.

Tiempo al tiempo.

 

2 comentarios en “«La tierra que pisamos», de Jesús Carrasco: indispensable, dura y bellísima novela

  1. Le tengo muchas ganas a este libro y no has hecho más que acrecentarlas. Para mí Delibes también es un referente, su forma de narrar y de dibujar personajes y paisajes me resulta fascinante. Hace fácil lo difícil: poner poesía en lo más oscuro, si hace falta. Estoy segura de que el libro que nos traes me va a encantar. Tu reseña es fabulosa. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Hola, Yolanda!
      Muchas gracias por el comentario (que es además… ¡el primer comentario del blog!), y me alegro mucho de que te haya gustado la reseña. Si estás pensando en leer «La tierra que pisamos», y si te gusta Delibes, no pierdas ni un segundo más y hazte con el libro. Estoy completamente seguro de que Carrasco te va a sorprender gratamente. Como narrador es francamente bueno. Un abrazo y hasta la próxima entrada del blog.

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.