«Una historia de policías», un viaje a los infiernos de la sordidez policial de la mano de Esteban Navarro

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Hoy voy a disertar sobre «Una historia de policías» (Ed. Playa de Ákaba. 2017), la penúltima incursión novelística de Esteban Navarro (18 de marzo de 1965, Moratalla), el prolífico autor de novela policiaca e hijo de la generación Kindle que deslumbrara al jurado del prestigioso premio Nadal en su convocatoria de 2013 con su obra «La noche de los peones», por la que fue elegido finalista.

No es «Una historia de policías» una novela fácil; vaya esto por delante. Y no lo es porque, teniendo en cuenta que su autor (que nunca ha escondido su condición de) es policía nacional, adquiere tintes turbios, sórdidos, que a uno le dan que pensar.

Os pongo en situación y luego engarzo con este pensamiento. Para que se entienda a qué me refiero.

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«Un historia de policías» narra la historia de un grupo de amigos, policías todos ellos, a los que la vida les ha ido empujando por diversos derroteros de lo más dispar y que, cada uno con diversos muertos en el armario (no en el sentido literal), han ido a confluir en Huesca, lugar donde sucede el grueso de la historia. ¿Y de qué va la historia, su «historia de policías»? Pues de un policía que, por una serie de motivos que el lector irá descubriendo a lo largo de sus páginas, tiene un fiambre en el maletero de su coche. Un fiambre que es fuente de problemas y, por lo tanto, un fiambre del que tiene que deshacerse. Y para ello llama a sus compañeros. Para que le echen un cable en la cosa de la desaparición. Porque entre ellos existe lo que podría denominarse como un círculo de confianza, porque todos saben cosas de todos que es mejor que no salgan de ese círculo de confianza, porque el cajón está a rebosar de mierda y hay un frágil equilibrio que no se puede romper so pena de abrirlo y salpicar todo, y a todos, y porque, como se suele decir, favor con favor se paga. Quid pro quo.

Desde el punto de vista del argumento, «Una historia de policías» me ha parecido un libro sensacional porque tiene mucho de thriller literario y porque, una vez presentados a todos los actores de la trama, y cuando ya están todos en harina en la cosa de planear el cómo y dónde deshacerse del cadáver, uno no puede dejar de devorar una página tras otra para saber cómo acabará el asunto. Si a eso le sumamos el hecho de que Navarro, como ya he dicho antes, es policía nacional, el resultado no puede ser mejor: la terminología, la documentación, el lenguaje, los sistemas de trabajo, los nombres de los departamentos y hasta los parámetros de actuación de cada miembro, están exquisitamente explicados. O sea, que el relato no hace aguas por ningún lado. Que sabe de qué escribe. Y eso, la documentación, es un pilar básico de cualquier novela. Porque no hay cosa que más me cabree que leer una novela que hace aguas en la ambientación, o en la documentación, y leer despropósitos que no se sostienen por ningún lado. Así que, a este respecto, Navarro obtiene matrícula de honor.

Pero claro, de tan verosímil que resulta, y a tenor de la propia condición de policía de su autor, uno (en este caso servidor) no puede sino sentir un escalofrío al leer, como en la novela se pueden leer, ciertas cosas. Cosas que si su autor fuese, yo qué sé, carnicero, me pasarían, tal vez, más inadvertidas, o por lo menos no me habrían impactado tanto. Claro que evidentemente Navarro las habrá incluido a sabiendas de esto, de los pensamientos a los que podría inducir al lector, en un maquiavélico -y magistral- juego narrativo. Porque uno no puede abstraerse de lo que lee, siendo que lo escribe quien lo escribe, y leer retahílas de artimañas policiales al servicio de lo ilegal. Como por ejemplo leer lo fácil que puede ser endiñarle a un desgraciado un atraco por el que acabará en la trena para obtener rédito policial. Atraco del que será autor porque los testigos, policías todos (gens una summus) se taparán los unos a los otros.

Sí, a eso me refiero con la sordidez, con lo turbio, de la novela a lo que me refería arriba. Leerla y advertirte frágil, o expuesto, si alguien, en este caso la Policía, por ce o por be, te pone en el punto de mira.

Por supuesto que la novela es ficción. Nos ha jodido. Pero el ejercicio de narrativa policial que hace Navarro es tan bueno que es que resulta hasta creíble. Y quizás ahí radica la mayor bondad de esta novela. En leer un thriller policiaco en el que sabes que todo podría suceder. En que, página a página, se exuda un posible realismo que hasta asusta.

En términos generales, «Una historia de policías» me ha gustado bastante. Ya había leído anteriormente, de Navarro, su obra «Los crímenes del abecedario», y esta novela me parece más lograda. Más redonda. Y también mejor escrita. Navarro, como los vinos, va mejorando. Porque si con aquélla me pareció un policía con una gran imaginación para urdir tramas interesantes pero que, desde mi concepción de lo que es un buen narrador actual de novela policiaca (un Bolea, un Braulio, un Rankin, un Markaris o, sobre todo y sobre todos, un Lemaitre) le advertía más empuje que oficio, o más que oficio que estilo, en ésta he advertido un Esteban Navarro más maduro. La imaginación la sigue manteniendo a pleno pulmón, la historia es francamente buena, pero, además, ha mejorado sustancialmente en la manera de narrar, de escribir. Y eso está muy bien. Porque Navarro comenzó siendo un policía que escribía, ahora es un policía que escribe bien, y creo firmemente que si sigue por esta senda dentro de no mucho llegará a ser un escritor que fue policía. Como, por ejemplo, Víctor del Árbol.

Voy terminando. ¿La recomiendo? Por supuesto. El panorama nacional de novela policiaca / negra está últimamente en un estado de forma envidiable, y autores como Navarro así lo demuestran novela tras novela, trama tras trama. A mí, personalmente, «Una historia de policías» me ha gustado bastante. Es, sinceramente, una novela que, con un buen café y toda una tarde para uno mismo, se puede leer de una tacada. Porque engancha, porque los capítulos fluyen solos y resultan ciertamente adictivos, sobre todo en la parte en la que acuden con el cadáver a las dependencias policiales, donde hay una increíble tensión en el ambiente que no te deja un respiro para dejar de leer.

Vale, muy  bien -me podría decir un lector- ya me he hecho una idea de cómo es el libro. Grosso modo. Pero ahora, y para hacerme una idea… ¿podría compararme este libro con una película?

A lo que yo le diría que sí. Que por supuesto. Que, además, lo tengo clarísimo. Con «No habrá paz para los malvados». Una película estupenda, con un sublime José Coronado en el papel del corrupto policía Santos Trinidad que, también, tiene que hacer todo lo posible por borrar todas las pruebas que le señalan a él como el causante de tres fiambres en un puticlub. Una película que te mantiene pegado a la pantalla sin pestañear. Una película que, de haber salido después de este libro, hubiese pensado si acaso no estaría inspirada, aunque fuese levemente, en él.

Concluyo. Lean «Una historia de policías». No les defraudará. En absoluto. Si quieren acción, es su libro. Si quieren una trama adictiva, es su libro. Si le gusta la novela policiaca, es su libro. Y si no le gusta nada de lo anterior, dele una oportunidad. Que posiblemente cambie de idea.

 

Un comentario en “«Una historia de policías», un viaje a los infiernos de la sordidez policial de la mano de Esteban Navarro

  1. Tenía pendiente leer esta entrada, digo pendiente porque me debatía entre leerla o no. No me apetece demasiado leer una novela policial, sin embargo, sí quería saber algo más de ella porque recuerdo la polémica que suscitó acerca de que su autor fuera policía, algo que, como dices, suma verosimilitud. Después de leerte, Ramón, tengo que hacer un esfuerzo para no coger esta novela y destriparla en un par de tardes. Muy buena reseña. Un gusto.

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